viernes, 24 de junio de 2011
No tiene ninguna duda.
Nos paramos delante de la fontana como dos perfectos turistas. Me dá una moneda y a continuación se da media vuelta, cierra los ojos y tira la suya hacia atrás, por encima del hombro. Lo imito. Cierro los ojos, expreso un deseo y mi moneda vuela muy alta, gira y gira y acto seguido, cae lejos en el agua y lentamente, describiendo un extraño remolino, toca fondo. Nos miramos a los ojos. Puede que hayamos expresado el mismo deseo. Él, en cambio, parece mas seguro que yo. Es mas, no tiene ninguna duda.
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